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Los vaqueros son el gran igualador. Han trascendido culturas y en el último siglo han conquistado al mundo entero. Vistos primero como ropa de trabajo y después como símbolo rebelde de la contracultura estadounidense, los vaqueros han acabado asentándose en el papel que siempre estuvieron destinados a ocupar: el del básico cómodo de todos los días que conocemos y queremos. Y sin embargo, el denim que conocemos hoy está muy lejos de sus orígenes, tanto que la mayoría de lo que se vende hoy podría considerarse indigno de ese nombre.
Hasta hace cincuenta años, casi todos los vaqueros se hacían con denim crudo sin lavar o lavado de forma natural. Pero, a medida que el denim se hacía más popular en Estados Unidos, la demanda pronto desbordó la capacidad de las pequeñas fábricas textiles y la producción en masa irrumpió en escena. Los desgarros y desgastes naturales que antes marcaban el denim con el uso continuo se vieron pronto sustituidos por vaqueros prelavados y envejecidos con productos químicos, de carácter mucho más flojo. Hoy, los países en desarrollo son literalmente incapaces de asumir las enormes cantidades de residuos ambientales que ha generado el apetito creciente por un producto que parezca ya usado.
Tuvimos la suerte de contar en nuestras propias filas con un autoproclamado fanático del denim: Tak, nuestro responsable de operaciones. Tak no solo está al tanto de todo lo relativo al denim, sino que además sabía exactamente dónde encontrar a los mejores fabricantes del mundo. Se echó a reír cuando algunos sugerimos que quizá tuviéramos que hacer un viaje a Estados Unidos. Al fin y al cabo, parecía lo natural (y coherente con nuestras experiencias anteriores buscando artesanos) que el país con el vínculo cultural más estrecho con una prenda acogiera también a los artesanos más diestros. Pero el mercado estadounidense había olvidado hacía tiempo la tejeduría tradicional que exige el denim natural de alta gama y estaba, en cambio, saturado de propuestas de baja calidad.
Hoy es Japón el país que presume de tener a los mejores artesanos del denim del mundo. Muchos crecieron con una pasión por este tejido que conocieron cuando lo vieron por primera vez en los soldados estadounidenses tras la Segunda Guerra Mundial. La afinidad cultural japonesa por las piezas de calidad exquisitamente hechas salvaguardó las técnicas tradicionales de tejeduría del denim, incluso cuando desaparecían de su hogar natural. Y ahora que los consumidores vuelven a buscar denim de verdad, miran hacia el este en lugar de hacia el oeste.


La ciudad de Kojima, con su larga historia de producción textil, fue el epicentro natural de la producción japonesa de denim cuando esta empezó a crecer entre principios y mediados del siglo XX. Los artesanos locales se dieron cuenta enseguida de que solo podían lograr el aspecto, el peso y el tacto del denim al estilo americano vintage mediante técnicas de tejeduría tradicionales: la producción en masa no conseguía reproducir de forma convincente el mismo detalle en el pespunte.
No tuvimos que buscar mucho antes de conocer a los artesanos con los que supimos que queríamos trabajar. Conocido en todo el mundo por su impecable denim selvedge y lavado de forma natural, nuestro taller está comprometido con las técnicas tradicionales de tejeduría y con el diseño contemporáneo. Los artesanos con los que hablamos en el taller se apasionan sobre todo con su característico denim selvedge.
Reconocido universalmente como una marca de calidad, «selvedge» viene de «self-edge» (orillo propio) y se refiere al denim acabado en sí mismo, con una banda estrecha y tejida característica en los bordes del tejido, visible cuando los vaqueros se remangan o se doblan. Es un método de tejeduría en telar de lanzadera que evita que el tejido se deshilache al sellar la puntada del borde del denim y aporta a los vaqueros un acabado limpio y agradable a la vista. La construcción del denim selvedge exige telares de lanzadera, que solo hacen tejidos de trama cerrada en lotes pequeños, lo que contribuye a la alta calidad general del resultado final. Solo cuando nos probamos nosotros mismos un par de sus vaqueros entendimos lo que Tak había estado intentando decirnos todo el tiempo. Que, una vez que se prueba el denim selvedge, no hay vuelta atrás a la imitación preenvejecida y lavada con productos químicos.
